lunes, 15 de agosto de 2016

Nunca conocí al niño que abortó mi madre. Tal vez era parecido a mí. No sé. Mi perro hubiera sido suyo. Y hubiéramos compartido risas, llanto, hambre. Mi padre que también sería el suyo -le hubiera construido el refugio con madera vieja que hizo para mí. Pero no. Mi abuela tuvo que recogerlo de entre las aguas turbias con olor a mierda y meada. En el tenso silencio de la siesta. Nunca va a jugar en el mismo árbol donde yo lloraba. Donde me atacaban monstruos de lenguas resecas y ojos con aroma a fruta agridulce. No va crecer en la melancolía de voces petrificadas, que sólo la muerte deja como un póster roído en la pared de tu pieza. Nunca conocí al niño que abortó mi madre. Tal vez era parecido a mí. O seguramente mucho mejor.~~~~~~~ A.A